lunes, 23 de marzo de 2015

Sophie



O a veces somos como ambos.
La conocían como Sophie o al menos éso le informó ella misma. Ella fue la primera que le cedió su carne humana aquella noche de Lunes. Luces azules, rojas y verdes del night club mitigaban el repudio de las gatitas hacia los hombres. Había un sendero por el cual aguardaban unas diez u once mujeres nada risueñas que se mantenían firmes por delante de la fila derecha de las mesas. Algunas veces moviendo el cuerpo cuando nadie las pescaba. ¿Por qué esperaban? ¿Qué les faltaba a los parroquianos? ¿Qué les faltaba a aquellla bandada de mujeres? ¡Cómo si no lo supiera! Humberto vio como el trasero voluptuoso artificial de una señora rubia de mirada solemne cuyos ojos apuntaban quién sabe adónde. En verdad, cualquier meretriz que fuese pescada por un parroquiano miraba éso que tanto acotaba Humberto. Él le denominaba esfera moral. Y bien, creo que nos desviamos de cómo Humberto pasó su debut en la noche de los 45 soles. 45 malditos nuevos soles por 15 minutos. ¿Comprenden acaso la relación 3:1? Nuestro amigo yacía sentado cruzando sus húmedos dedos. Asemejaban plátanos derretidos en medio del calor ambiental. No podía soportar la idea de que aguardaba y aguardaba con los minutos y los segundos empujándole a salir de aquel antro. Se le dificultó verificar si había una barra en la que vendían cerveza pues las putas iban y salían con sus respectivos homínidos. Estaba a punto de levantarse de su asiento que lo sostenía hundido casi como si lo estuviese abrazando. Le repugnaba la idea de levantarse pero tenía que corroborar lo que leyó en los blogs de referencia. ¡Maldita sea! Nuestro compadre estaba angustiado. ¡Tenía que acariciar una chela para armarse de valor! ¡Mejor si era helada! ¡Je je je! Salió a un bar que el recordó haber fisgoneado de reojo cuando se dirigía hacia el templo. Estaba solo, o al menos éso nos contaron, e iba bebiendo sorbo a sorbo su botella de Cristal. Lo que me apenó fue cuando Carlitos nos relató que Humberto estaba acongojado (con la cabeza baja) en una mesa con el póster de una selvática en pose sensual. La única evidencia que tenemos de aquel momento suyo consistía en una chapa dorada de Cristal. ¡Pobre Humberto carajo! ¡Seguro pensaba aún en Katty Roldán! Su vida no fue la misma luego del rechazo que tuvo aquel día que nos reímos en su cara pelada. Desde ésa vez no quiso hablarnos. ¡Puta madre! Quizá no debimos reírnos de él. Fue ahí cuando decidió tomar rumbo a "El Olvido". Prosiguiendo con nuestro relato, una vez fortalecido como buen superman que resultó ser, decidió ir a paso firme al susodicho antro. Volvió a sentarse pero ahora con menos nerviosismo. Divisó a una muchacha de piernas y trasero firmes (quizá moldeada por la técnica plástica). Tenía un lindo peinado color pardo, cola de caballo y un cerquillo lateral. Estaba vestida con un ajustado jean celeste a rayas blancas de segunda (quizá lo compró en Polvos Azules, ja ja, polvos) y un negro escote que albergaba unos pechos pequeños pero firmes. Él incrustó su mirada en aquella muchacha, parecía un gran felino que acababa de acechar a su presa para abalanzarse sobre ella. Él salió disparado del asiento pero disminuyó la velocidad de su acecho al acortarse la distancia entre ellos dos. El no pudo mirarla directamente a los ojos pues era recontra tímido. Siempre fue su punto débil a pesar que era un patita bien leído. ¡Concha su madre! ¡Cómo recuerdo que siempre nos incitaba a leer libros que él nos quería prestar sin compromiso como dicen! Nunca se lo aceptamos pues no nos gustaba leer. ¡Puta, es un tedio tener que leer un huevo de páginas! Una vez me quiso entregar un libro que decía "El Extranjero" de un tal Alfonso Camus o Alberto Campos. ¡Puta, no lo recuerdo bien! Bien, como decía, el le preguntó cuál era el monto del servicio así a secas sin coqueteo ni flirteo. Total, todo aquel galanteo les resbalaba a las muchachas. ¡A qué robot le podría conmover un poema de amor! Fácil que Humberto tenía pensado recitarle un poema. ¡Sabemos cómo es ése huevón! ¡Ja ja ja! Sophie, si así nos contó Carlitos que se llamaba, fue la que haría debutar a Humberto de-todas-maneras. Ambos se dirigieron hacia la puerta de salida para doblar por la izquierda y subir los peldaños de una escalera que apuntaba a un pedazo del infierno más placentero, el segundo piso. Las luces rojo neón lo ponían más nervioso aún. Ingresó al corredor en el que se ubicaban los cuartos. El vaivén de las caderas de Sophie lo tornaban más melancólico a este compadre. Entraron al cuarto. Humberto le dijo, sin sonrisa alguna, que no deseaba sexo oral (craso, craso error) pero que deseaba tocarla. Una vez adentro, la muchacha se desnudó. ¡Ya me imagino como debió haber sido ése cuerpo! La firmeza de las piernas al tact humedecidas por el calor (¡Creo que mañana preguntaré por Sophie!). Sin embargo, el cuñado, con todas sus citas, aforismos, pensamiento típicos de un pedante de los libros como él, fracasó para con Sophie. Nuestro estimado no pudo satisfacer ni a Sophie ni a él mismo. La había acariciado, la había colocado en las posiciones que aprendió al visitar los tubitos de XVideos. Toda aquel monumento de carne viva fue mal utilizada. ¿Qué pasó? Ése problema con el que muchos hombres podríamos perder el sentido de la vida si nos ocurriese, disfunción eréctil. ¡Puta madre! Aún recordaba a su "amada" el polichinela. Se vistió y salió disparado del local a rumbo desconocido. 

--"Roberto me llega al pincho. Leo este relato que el podría considerar un diario pero no es más que una sucia difamación."--pensó Humberto Jáuregui Ochoa.
--Oye, ¡déjame terminar pues!--atestó Roberto Lagos Huidobro.
--Ya, si bien mucho de lo que dices es cierto, siento que es una prosa muy seca y grotesca le falta un toque de sensibilidad. Mira que es para mañana. Eres una mierda, oe.--repuso Humberto.
--Ya toma el papel, dale tu tan hermoso final, ¡impotente! ¡Ja ja ja ja ja ja ja ja!--exclamó Roberto.
--Te aprovechas, todo por que TÚ le vas a dar este papel a ésa maldita de Katty--dijo Humberto. Bien, aquí finalizaré el relato a mi modo:

Y las calles se devoraban a sí mismas mientras el desgarro propio de Humberto se configuraba como combustible metafísico de un futuro asesino en serie. La historia universal de un crimen pasional, que no finaliza aquí ni comienza en este antro, se está desarrollando. Respira desagradablemente por sí misma. Solo él sabe cuantos fueron años de pérdidas emocionales, intentos fallidos, ¡quién sabe! Todo tiene un cargo emocional. Se dependerá de quién lo filtre. Hay momentos en deseo manifestar con palabras mis vivencias de modo lúdico. Todo de confunde en este momento. Ya no soy yo. O soy el lector. O soy el narrador que presentaba nuestros diálogos. O soy nadie. Ya no soy Roberto y luego no soy Humberto. Ya no sé la verdad. Ya no hay más hipocresías. Algunos somos como Humberto y a veces como Roberto. O a veces somos como ambos...¿no, Sophie?


Lima, 2015


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