viernes, 27 de febrero de 2015

Ad Libitum

...Mahler, Debussy, Ravel, Penderecki, Beethoven son combinaciones de letras para denominar seres trascendentes que han negado (o determinado) infinitas contingencias para significar solo una, la de cincelarse como robustos instrumentos de la música. Cada tecleo de Debussy transtorna sutilmente nuestro ritmo cardiaco para resignificar nuestra ingenua fisiología con aquellos Livres. Aquella diplomacia emocional que entrelazamos con la audición de una obra mientras nuestros tejidos yacen su masa en un tenue mueble a la par que nos conduce a una estratósfera catártica. Quizá un poemario de Heraud pierda el equilibrio de su centro gravitacional y choque con el suelo mientras irrumpa la agresividad del brass section de la 9na Sinfonía de Beethoven. O quizá la fotografía de ella salga de la pared de mi muro, como quien escapa de un asesinato de manera cautelosa, al son del Cuarteto para Piano en La Menor de Mahler. Y yo no sé...quizá..., quizá lo sepa este petit haut de anisado.

Au revoir...

jueves, 26 de febrero de 2015

Historia universal de la danza


La avenida extiende su vientre para dar pie a la danza acaparadora de las masas. Sus luces se configuran como el reencuentro o la conexión con el mundo (¿quizá con el prójimo?). Ya ellos no acarician el anhelo de individualidad. Por ello, cuando Dios da un pestañeo, Beelzebub aprovecha para finiquitar su lienzo. En ella, podremos deleitarnos con las danzas que ha engendrado el mundo a lo largo de su historia...

Un pretérito limeño

Y los gallinazos merodeaban el tiempo
y las ninfas extrovertían sus cuerpos
y su ausencia gemía su presencia
mientras la agonía del pretérito traza el segundo.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Gota filosofista

Qu'est-ce que vous faites dans la vie?
L'étudiant du français


Soy. Estoy, Tengo. Me acompaña una computadora portátil en esta fría noche. Leo las palabras que estoy redactando en esta nueva entrada de mi blog. La pequeña raya intermitente simboliza el ritmo del devenir de mis ideas. No sé exactamente cuál es el tema que voy a tratar pero tengo presente una ambigüedad. O mis ideas se arrojan sobre esta pantalla o la realidad la aprehendo de un modo concreto. No lo sé en verdad ni se me presenta interés alguno en saberlo. 

Cuando tipeo las palabras me encuentro como si fuese una anciana que teje una prenda que quiere regalar a su nieto que la acaba de visitar. Ella sabe que él se va a retirar pronto o que ella lo hará. Sin embargo, ella quiere darle un presente al niño pequeño. Quiere constituir una afirmación de la relación entre ella y él para significarse. Me parece imperiosamente necesario pero no moralista.

Es increíble, señores míos, como sigo escribiendo sin saber a dónde voy. Con gran frecuencia, intuyo que yo no doy a significar una posibilidad no afirmada en mi conciencia (cual ente creador) sino que las palabras van configurando quien soy o seré en un contingente discontinuo. Es decir, cada ciertos periodos, un nuevo yo emerge de mí y se constituye mientras el sufrimiento vuelve cual hijo pródigo en mi maquinaria de ideas.

Como ustedes observarán, ya voy redactando cuatro párrafos. La escritura es algo que he querido asimilar como una gruesa manifestación de mi persona. Mi devenir ha desviado ése proyecto. Ahora, si ahora, siento que la fuerza, en ése entonces embrionaria, es ahora una fuerza en crecimiento constante. Necesito escribir. Si sigo así, posiblemente llegue a concretar la publicación de algún libro. Mi esencia como existente.

Veo las negras teclas de mi portátil. Se sienten suaves al golpe de las yemas de mis dedos. A veces no comprendo como he internalizado el orden de las teclas para formar las palabras, los sintagmas, las oraciones y los párrafos. Quiero finalizar mi entrada comentando que necesito leer la obra Ser y Tiempo de Heidegger.

P.D. Mientras escribo esto la coyuntura nacional e internacional se sucede y es sucedida. Existe la necesidad de unir la individualidad y la colectividad. El marxismo y el existencialismo. Amén.

martes, 24 de febrero de 2015

Metropolitano

No es la prosa que prometí en el post anterior mas será un ocurrente aperitivo para los que gusten de las lecturas existencialistas. ¡Pasen adelante!, siéntanse cómodos:

Fuente: LAMULA.PE



ADVERTENCIA: Pueden presentarse errores ortográficos que pasaron desapercibidos por ignorancia.

-Amigo, ¿tienes hora? -se dirigió hacia mi un parroquiano.
-...si, ...son las ocho. -le respondí violentamente.
No quise continuar la conversación porque mi sensación de absurdo emanaba de mí como un gas mostaza. Y cuando me daba cuenta del gas mostaza no me sentía ya en mi posición en el tiempo/espacio. Cubría por doquier la estación del Metropolitano. Los rostros perdían su existencia junto con la mía, sin embargo, me sentía unido a ellos en cuanto que eramos una nada. Éramos una gran masa.

Esto suele pasarme cuando la noche cae como una alfombra sin pedirme permiso. Aquellas noches se ofrecen para recoger mis recuerdos de manera violenta. ¿Qué puedo hacer contra ella? Mis pasos aceleran mi caminata pero no puedo huir de ella. Oh, volviendo al asunto anterior (si, mejor narraré por donde empecé) aunque sienta algo de escalofríos por la espalda. Recuerdo que...recordar es un verbo que me incita a filosofar en balde pues sé de antemano que no conseguiré algo significativo recostado en la oscuridad de mi cuarto. Bueno, demonios, recuerdo que la línea "B" demoraba en llegar. Observé que una copiosa muchedumbre respiraba rítmicamente al unísono. Aparecía como un todo con vida propia. La sustitución progresiva del oxígeno por el dióxido de carbono sucedía de modo discontinuo tal como mi existencia en medio del gentío. Quizá creas que soy un misántropo, un freakie o un lector acérrimo de Camus. Me tiene sin cuidado. Sé que mis acotaciones interrumpen tu lectura pero no lo puedo evitar. Créeme. Ya, sentía que se me denegaba el derecho a respirar. Sólo yo sé cómo mi instinto animal iba a erupcionar. Ya me imagino saliendo en el noticiero de algún canal de pacotilla por la mañana: "Varias personas son asesinadas de un hachazo por un joven en la Estación Angamos del Metropolitano". 

Cuando estuve a punto de desenfundar el hacha de mi mochila, el bus llegó como un arcángel salvador. Me asusté de la impredecibilidad del momento. Subí torpemente al bus, intenté acomodarme mientras el arcángel prosiguió a toda velocidad. Mi visión se apagó o se desconectó como es habitual. Por momentos llegaba a perder el significado de las cosas que me rodeaban como si yo fuese un recién nacido. Sentía que veía todo por primera vez y que mi yo se diluía agitadamente. Cuando tomé conciencia, escuché palabras vulgares y sórdidas en la parte trasera del bus. Una familia o una pandilla de personas hablaban sobre una épica borrachera en la hato de un tal Quispe. Reconocí a una niña perfectamente acoplada a la situación. Presentaba la grosera idiosincracia de sus familiares pero sus ojos tristes clamaban ayuda aunque no buscaban a alguien en particular. Mi mente se iba a desconectar nuevamente a no ser por el cachetadón que le propinó el hombre del clan a la niña en cuestión. Me quedé mirándola pero la moral no se me asomaba. ¿Cómo podía explicarse ello? Era como escuchar lo que intenta comunicar un mercanchifle. Lo que me impresionó fue el ruido compacto mas no el acto violento per se. Los segundos siguientes ahogaban el momento.

Volvía a desconectarme hasta que el "permiso" de una elegante mujer, que entraba al tórrido bus, me volvió en sí. No, no era despampanante pero tenía un buen gusto al vestir. Un pantalón negro como el velo de la muerte, un calzado sensual pero discreto, una fina blusa celeste que cubría sus pechos y una linda cartera. Me quedé viéndola plácidamente hasta que, repentinamente, la vi fragmentarse ante mí. Llegué a observar su piel, sus comisuras, sus tejidos, sus células, sus organelas. ¡Pero qué diablos! Sudaba, si, recordé sudar, mientras veía cómo las mitocondrias de sus células respiraban, cómo los ribosomas sintetizaban las proteínas, cómo su ADN se replicaba entre otras cosas más. Los electrones se transferían entre los aminoácidos anfóteros que constituían sus cabellos. ¡Madre mía! todo era como una sórdido cortometraje de David Lynch. No quiero ni mencionar como el ácido clorhídrico degradaba las proteínas en su jugo gástrico. Oh, me había dado una jaqueca insoportable. Volví a abrir los ojos y noté que ella me miraba impávida. Ni bien llegamos a la estación Caquetá, ella no dudó un momento en bajarse. La pequeña burguesa había huido. No pude contemplar su perfil.

No puedo explicar como mi vida se da por episodios y de manera discontinua. A veces veo demasiado detallado y pierdo la esencia. A veces veo demasiado panorámico y pierdo la existencia. Las bocinas de los vehículos manifestaban su descontento allá abajo mientras yo reposaba en mi alcoba leyendo Fenomenología del espíritu de Hegel y escuchando al Titan de Gustav Mahler. Oh no, no otra vez, aquí viene de nuevo, me estoy desconectando...



lunes, 23 de febrero de 2015

La fibra humana o la pasión por lo intangible

Quiero compartir contigo, por medio de un poema jammin' a la brisa de medianoche, una introducción retórica de este nuevo blog. Una prosa elefantiásica sobre él, está incubándose. Crucen los dedillos.


La celeste llama de tu olvido
y la danza de tu indiferencia
han lubricado esta fibra humana
y las ganas de jugar con palabras.

El tórrido hálito del verano
y la vasta angustia sartreana
sellan los minutos necesarios
para la expresión detonante.