La avenida extiende su vientre para dar pie a la danza acaparadora de las masas. Sus luces se configuran como el reencuentro o la conexión con el mundo (¿quizá con el prójimo?). Ya ellos no acarician el anhelo de individualidad. Por ello, cuando Dios da un pestañeo, Beelzebub aprovecha para finiquitar su lienzo. En ella, podremos deleitarnos con las danzas que ha engendrado el mundo a lo largo de su historia...
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