Cuarenta tres soles indicaba la cuenta que el mozo le pasó con cierto aire inquisidor. Probablemente, sospechaba de su recorrido turbulento por los demás restaurantes. Las arterias de sus ojos no osarían tolerar un "pero". Humberto tuvo que explicarle que había olvidado su billetera en su departamento y que él podría dejar empeñado algún objeto de valor. El mozo, sin dubitar, llamó a su compañero y lo tomaron por los brazos para llevarlo a la cocina. Una vez dentro, una decena de empleados se tropezaban, se apuraban, se desplazaban al ritmo de las cucarachas que también hacía su trabajo del día. Humberto al saber de antemano qué le esperaba, salió a toda marcha hacia las calles. Corría como una vicuña macho. Un grupo de mozos lo correteaba con ciertos utensilios en la mano. La superficie de un cuchillo para carnes resplandecía ante los rayos del sol. Humberto, dobló a la derecha, dobló a la izquierda, cruzó diagonalmente el parque y por fín pudo alcanzar a meterse en una bodega. Dicen que algunas coincidencias son crueles. El dueño de la bodega era el hermano del dueño del restaurant al que Humberto había hecho la misma jugada. Un diario que estaba por ahí, "El Trome", lo caracterizaba como "el pendejo de los restaurantes". César, el bodeguero, comparó ambos rostros y decidió retenerlo con una gaseosa Inka Kola. El vejete sacó un cuchillo Record y decidió hacerlo. Le incrustó el utensilio en la espalda. Cada centímetro que avanzaba era un in crescendo para el deleite de César. Son pocos, muy pocos los que vieron lamer el cuchillo al bodeguero mientras sonreía para sí.
"Algunas veces sí, Winston; pero otras veces son cinco. Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez." ("1984", George Orwell)
martes, 19 de mayo de 2015
sábado, 16 de mayo de 2015
Trabajar por el Perú
No quiero ser un peruano extranjero dentro de mi propio país.
No quiero afirmar categóricamente que el Perú está jodido. Jodidos están los peruanos que piensan así.
No quiero que el individuo peruano crea religiosamente que no hay nada ya por hacer.
No quiero observar a Lima como un continente lejano del Perú.
No quiero enterarme sobre la matanza entre peruanos mientras los grupos internacionales de poder se cagan de risa (de nosotros) en sus oficinas.
No quiero cruzarme con desmontes de basura desperdigadas sobre la urbe. Aquello indica la entropía de nuestras cabezas.
No quiero admitir que tenemos círculos de intelectualoides hipertróficos que babean por el extranjero mientras las papas queman en sus narices.
No quiero matanzas entre campesinos y policías por la lucha del valor de la tierra. Eyaculemos sobre el capital internacional con mayor inteligencia racional y emocional. Que el campesinado arequipeño discierna el discurso podrido de los lobos regionales y de los promineros.
No quiero ver niños bombardeados con entretenimiento esclavizante para que luego sean resondrados por madres ballenescas por no rendir eficazmente en las fermentadas escuelas.
No quiero seguir pensando dentro de una burbuja aislante mientras fuerzas ocultas nos follan por el trasero.
No quiero solidaridad.
Queremos compromiso individual Compromiso como los dedos de una mano para el manipuleo de las cosas.
Saquemonos la mierda a nosotros mismos, la revolución social no está en Lenin, Marx, Mao Tse Tung, Engels, Rawls entre otros sino en nosotros mismos. Recordemos, el cuento nos lo cuentan diferentes lobos de distintas maneras. ¡A pensar por cuenta propia se ha dicho! Derrumbemos la burguesía mental que yace en nosotros. ¿Cómo darse cuenta de que padecemos de burguesía mental? Cuando preferimos ver los chismes de la farándula y de la politiquismo sonsonete a voltear para saber que piensan los niños.
Degollemos nuestra ignorancia, decapitemos nuestra alienación, descuarticemos nuestra inasividad, nuestra anomia. ¡Carajo! ¡Qué viva nuestro país! (si, es cliché, ¡pero qué chucha!)
No quiero afirmar categóricamente que el Perú está jodido. Jodidos están los peruanos que piensan así.
No quiero que el individuo peruano crea religiosamente que no hay nada ya por hacer.
No quiero observar a Lima como un continente lejano del Perú.
No quiero enterarme sobre la matanza entre peruanos mientras los grupos internacionales de poder se cagan de risa (de nosotros) en sus oficinas.
No quiero cruzarme con desmontes de basura desperdigadas sobre la urbe. Aquello indica la entropía de nuestras cabezas.
No quiero admitir que tenemos círculos de intelectualoides hipertróficos que babean por el extranjero mientras las papas queman en sus narices.
No quiero matanzas entre campesinos y policías por la lucha del valor de la tierra. Eyaculemos sobre el capital internacional con mayor inteligencia racional y emocional. Que el campesinado arequipeño discierna el discurso podrido de los lobos regionales y de los promineros.
No quiero ver niños bombardeados con entretenimiento esclavizante para que luego sean resondrados por madres ballenescas por no rendir eficazmente en las fermentadas escuelas.
No quiero seguir pensando dentro de una burbuja aislante mientras fuerzas ocultas nos follan por el trasero.
No quiero solidaridad.
Queremos compromiso individual Compromiso como los dedos de una mano para el manipuleo de las cosas.
Saquemonos la mierda a nosotros mismos, la revolución social no está en Lenin, Marx, Mao Tse Tung, Engels, Rawls entre otros sino en nosotros mismos. Recordemos, el cuento nos lo cuentan diferentes lobos de distintas maneras. ¡A pensar por cuenta propia se ha dicho! Derrumbemos la burguesía mental que yace en nosotros. ¿Cómo darse cuenta de que padecemos de burguesía mental? Cuando preferimos ver los chismes de la farándula y de la politiquismo sonsonete a voltear para saber que piensan los niños.
Degollemos nuestra ignorancia, decapitemos nuestra alienación, descuarticemos nuestra inasividad, nuestra anomia. ¡Carajo! ¡Qué viva nuestro país! (si, es cliché, ¡pero qué chucha!)
domingo, 3 de mayo de 2015
Catalina
Hembra de ojos sinceros
grandes como puquiales
hermosos para hurgar
monopolio de la mirada
Hembra de lacio cabello
atrevido como un río
torrente para el sembrío
meandros solemnes.
Hembra de cuerpo sedoso
dulce como un verso
ajena para las estaciones
capturaste nuestro Intihuatana.
Hembra de frágil temple
brillabas como un rubí
abrazabas como un gorrión
fingías como una Catalina.
grandes como puquiales
hermosos para hurgar
monopolio de la mirada
Hembra de lacio cabello
atrevido como un río
torrente para el sembrío
meandros solemnes.
Hembra de cuerpo sedoso
dulce como un verso
ajena para las estaciones
capturaste nuestro Intihuatana.
Hembra de frágil temple
brillabas como un rubí
abrazabas como un gorrión
fingías como una Catalina.
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