No quiero ser un peruano extranjero dentro de mi propio país.
No quiero afirmar categóricamente que el Perú está jodido. Jodidos están los peruanos que piensan así.
No quiero que el individuo peruano crea religiosamente que no hay nada ya por hacer.
No quiero observar a Lima como un continente lejano del Perú.
No quiero enterarme sobre la matanza entre peruanos mientras los grupos internacionales de poder se cagan de risa (de nosotros) en sus oficinas.
No quiero cruzarme con desmontes de basura desperdigadas sobre la urbe. Aquello indica la entropía de nuestras cabezas.
No quiero admitir que tenemos círculos de intelectualoides hipertróficos que babean por el extranjero mientras las papas queman en sus narices.
No quiero matanzas entre campesinos y policías por la lucha del valor de la tierra. Eyaculemos sobre el capital internacional con mayor inteligencia racional y emocional. Que el campesinado arequipeño discierna el discurso podrido de los lobos regionales y de los promineros.
No quiero ver niños bombardeados con entretenimiento esclavizante para que luego sean resondrados por madres ballenescas por no rendir eficazmente en las fermentadas escuelas.
No quiero seguir pensando dentro de una burbuja aislante mientras fuerzas ocultas nos follan por el trasero.
No quiero solidaridad.
Queremos compromiso individual Compromiso como los dedos de una mano para el manipuleo de las cosas.
Saquemonos la mierda a nosotros mismos, la revolución social no está en Lenin, Marx, Mao Tse Tung, Engels, Rawls entre otros sino en nosotros mismos. Recordemos, el cuento nos lo cuentan diferentes lobos de distintas maneras. ¡A pensar por cuenta propia se ha dicho! Derrumbemos la burguesía mental que yace en nosotros. ¿Cómo darse cuenta de que padecemos de burguesía mental? Cuando preferimos ver los chismes de la farándula y de la politiquismo sonsonete a voltear para saber que piensan los niños.
Degollemos nuestra ignorancia, decapitemos nuestra alienación, descuarticemos nuestra inasividad, nuestra anomia. ¡Carajo! ¡Qué viva nuestro país! (si, es cliché, ¡pero qué chucha!)
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