"Algunas veces sí, Winston; pero otras veces son cinco. Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez." ("1984", George Orwell)
domingo, 10 de abril de 2016
Cuento de domingo a la noche
Los párpados me pesaban mucho. Eran como dos planchas de calamina calientes que me irritaban los ojos. Recordé ver el rostro de Keiko Fujimori en mi sueño iintermitente. Abría mis ojos de cuando en cuando y veía a través de la ventana del bus la melancólica vía solitaria de los domingos. Poca gente, resignada a esperar alguna reforma en este perro sufragio. Bajé en mi paradero y me encontré con el chofer que trabajaba en la empresa en la que chambeo. Le saludo y él me mira con recelo. Me reconoce con dificultad y al fin me saluda. Lo encontré un poco perturbado y molesto ya que hace unos instantes le habían robado su billetera en la avenida Primavera. No parece suficiente que Keiko nos vuelva a robar sino que el enemigo es de doble eje: de arriba y de abajo. ¿Como alterar esta realidad, este fenómeno? Pasamos por un bar y le invité un Jack Daniels para que se reponga. Le cuento acerca de mis ideas de revoluciones y de saqueo de regimenes antiguos. Llegué a contarle de los vericuetos de Don Quijote y Sancho Panza y su afrenta romántica contra el mundo "real". Pocos hemos entrado en la locura de la vieja alabarda y del viejo lanzón. Le relaté acerca del código de Hammurabi y del derecho romano pero no parecía entenderme. No importa, es lo de menos. Javier, el chofer, se tranquiliza y salimos del bar. Nos despedimos y le doy una propina para que regrese a su casa. Camino por la noche y veo un afiche de Keiko con ésa sonrisa de buda maldita. Miro mis pies mientras pienso que estamos en una sociedad enferma. "Donde se pasa el dedo en Lima, aparece la pus"-decía Gonzales Prada. Keiko va a ser una feudataria más.
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